Cosas que me han hecho feliz esta semana XI

Esta es, quizá, la semana que más feliz he sido desde que comparto este diario tramposo, parcial y para nada fidedigno. Quizá sea también la semana que más me cueste encontrar letrillas con las que llenarlo. No es que esté falto de inspiración, es que es realmente dificultoso separar momentos puntuales que me hayan sacado del pozo, porque no los ha habido en cantidad. Un partido de voley junto al Mediterráneo, un almuerzo para celebrar el cumpleaños de un amigo, alguna felicitación por el trabajo bien hecho… A decir verdad he vivido en una medianía constante pese a varios intentos de boicot. Quizá, la única clave sea que he vivido para los próximos quince minutos, sin esperar nada de la semana que viene, sin presiones, aceptando la vida tal y cómo ha venido, el tiempo como ha pasado y en la medida que he podido aprovecharlo. He salido del círculo del más para abrazar la cuadratura de lo justo y abarcable.

He vivido una recreación de lo que podría ser, de lo que querría ser. Un piso en solitario, queso, uvas, vino blanco, hummus, nueces… Andrea Motis de fondo y una lucecita tenue. Algo de compañía. Tranquilidad.

Algo así como un cuadro de Julio Romero de Torres, una novela de Jabois o una película de Sorrentino después de los fastos. Nápoles antes de la erupción del Vesubio. Nápoles antes de comprender por qué no llevan casco los motoristas. Una barquita de pesca saliendo al Mediterráneo una tarde agosto, crujiendo las maderas y volviendo con algo para asar. Tomar las decisiones en el presente y no buscar errores del pasado. Escribir una postal a mano. Crear y no creer. Panta rhei.

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