Cosas que me han hecho feliz esta semana XIV

La de los sueños lúcidos es una experiencia que no sabía si quería tener y ahora sigo sin tener claro si me apetece que se repita. Me explico, suele gustarme lo que sueño, en parte porque sé que lo estoy haciendo. Hay algo en una ficción que termina por no serlo que juguetea con lo inquietante. Y lo que es peor, se recrea en esa intranquilidad. No seré yo quién le quite valor a la ficción. Igual que el artista dijo que cuando cantaba no hacía poesía, sólo música y que la poesía sólo la escribía; yo le dije a A. que la fantasía no tiene menos valor que la realidad. Sólo uno distinto, jerarquía horizontal en una escalera de Escher que en realidad nunca fue. Lo de que no me gusten los sueños lúcidos puede tener más que ver con esa extraña manía por la seguridad. Nos gusta lo tangible, el suelo, lo palpable. En este particular, yo, me confieso pecador. Lo de salir de la zona de confort está muy chulo para los discursos motivacionales y las charlas TED, pero del entierro de tu padre no sales mejor, que dijo Jabois.

De donde sí salí mejor fue del concierto de K. y M. Qué tranquilo va uno cuando recomienda un valor seguro. Les sobró escenario y les faltaron canciones para que todo aquello pareciese de verdad y no sólo un corto sueño lúcido. Tengo pruebas gráficas de que esto sí sucedió. Después, celebrando, K. me dijo que parecía borracho por momentos. Uno no puede ser feliz cuando sale del horario de llamadas. Cómo no iba a serlo si tenía resaca de un pulpo a feira y croquetas con T. A veces la vida te guiña un ojo incluso si los semáforos te cogen en rojo. Pero qué voy a saber yo de eso.

En Madrid todo lo que pude planear salió relativamente mal o no salió. Eso permitió que otras cosas salieran mejor de lo esperado, quizá por no tener con qué compararlo. Baudelaire supo mucho de esto tras catorce años de misivas, que se hubiesen resumido en tres meses de wassaps actuales. Todo va más rápido, pero ¿y por qué no? Yo también me hubiese viciado al Fortnite si lo hubiese tenido a mano, no nos vamos a engañar. Ahora prefiero las cosas más tangibles, que de todo se cansa uno. Ahora quiero cogerlo todo con las manos y zambullirme como en un río cristalino. Platón ha dejado de caerme bien y ahora sólo lo leo buscando a Sócrates. Çantamarta lo cantó antes de que yo lo pudiese pensar. Qué no está escrito ya:

Paredes blancas sin pintar, esto no puede ser verdad si nos quisimos, si nos quisimos
Mucho me tiene que pasar para poderme yo olvidar de to los besos que no nos dimos

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s